Una aproximación psicoanalítica a la complejidad de todo vínculo

Les Amants – René Magritte, 1928

Las relaciones son un aspecto central en nuestras vidas, tan importantes como complejas. En lo que llevo de experiencia profesional como psicólogo he trabajado arduamente con parejas y con personas que se encuentran en la búsqueda del amor, con dificultades en sus búsquedas, así como atravesando un proceso de duelo por separación, desamor o fallecimiento de su partenaire. En este artículo, ahondaremos sobre las problemáticas del amor imprimiendo la perspectiva que implemento en las intervenciones del día a día en mi consultorio: el psicoanálisis.

La Complejidad de los Vínculos

Cuando elegimos a una pareja sexual o amorosa, estamos actualizando inconscientemente nuestra propia historia, moldeada por las elecciones de amor de nuestras madres, padres y figuras de crianza. Nuestra historia familiar juega un papel fundamental, ya que las experiencias vividas como hijos/as dejan una marca, una huella afectiva que nos señaliza un camino.

A lo largo del desarrollo, se van generando patrones y narrativas que operan silenciosamente, llevándonos a encontrar partenaires que paralelamente son acompañados por su propio bagaje. Cuando, por una coincidencia de intenciones y una implícita o explícita concesión a bailar la danza de la seducción, dos mundos complejos confluyen, dando a luz a uno nuevo más complejo aún, una nueva identidad: la pareja.

Podrán ir haciéndose a la idea y, alerta de spoiler: si, inevitablemente surgen conflictos. Estos pueden aparentar ser comunes pero sus nudos son tan singulares y mixtos como parejas existan en el mundo. La única forma de que esos conflictos sean sometidos a revisión es que generen el suficiente malestar como para que los miembros de la pareja se pregunten por ellos: -¿qué nos pasa? ¿por qué tenemos siempre la misma discusión? ¿es que no me escuchas cuando te pido que…?- Podría seguir, pero dejaré estos puntos suspensivos para que se recreen las personas que están o han estado en situaciones similares.

¿Ven? Por eso hablamos de problemáticas del amor.

Jugando con la concepción de problema, podríamos empezar a improvisar diciendo que se trata de una «situación» que requiere de alguna estrategia o implementación de herramientas para alcanzar la solución a dicho «desafío». Ahora bien, en una pareja no es tan lineal. Las múltiples situaciones desafiantes que puedan aparecer en una pareja, más que ejercicios que piden resolverse, representan signos de interrogación sobre lo que les pasa, que no cualquiera elige ahondar. Son más bien disparadores, emergentes de algo que resuena mucho más allá. Si una persona, o una pareja es capaz de perseguir esa incógnita, sin dudas acabarán sabiendo mucho más sobre sí misma y sobre el otro que resolviendo a ciegas.

Conocerse da la oportunidad de ser más coherente con lo que se quiere. En una pareja, esto es justamente lo que posibilita que tomen decisiones solidarias del camino que deseen transitar. No se trata de soluciones mágicas que valdrían para cualquier persona o pareja sino de una invención que responde su particularidad, así como de la especificidad de sus historias.

Los Tres momentos del Amor (tic-tac, tic-tac…)

No es que existan ciclos cerrados y rígidos, aunque a fines explicativos resulta ilustrativo pensar al amor en tres momentos diferentes: el enamoramiento, la des-idealización y el amor con casi todas las letras. Si bien podemos hablar de un péndulo que va y viene sobre los distintos momentos, toda relación amorosa o sexual atraviesa al menos por los dos primeros, dejando el tercero reservado para los valientes, para los amantes como los personajes de la obra de arte expuesta más arriba.

Fallin’, yes, I am fallin’

El enamoramiento es un tiempo absolutamente necesario para que germine la semilla del amor. En esta etapa, idealizamos al otro, percibiéndolo parcialmente. No es que no apreciemos sus fisuras o que no nos molesten algunos de sus rasgos, salvo que lo que nos gusta brilla con tanta fuerza que lo demás pasa a un segundo plano. En realidad, nos enamoramos de la ilusión que nos hacemos del otro, de la propia experiencia, de la sensación de completud que genera la idea del otro conmigo.

La duración de cada enamoramiento es variable para cada persona. Lo que no es variable, es que llega siempre a su fin (como la muerte). Esto nos lleva al segundo momento: la des-idealización.

¡Ouch!

Se trata de momentos de crisis, crisis de aquella ilusión que hacía zoom solamente en una parte del otro. Esa visión parcial cae, y cuando hablo de caída nadie puede imaginar una caída suave. Quienes han sufrido esta caída saben que es estrepitosa, la podrían equiparar a la vivencia de un niño/a queriendo mucho a su globo rojo y de repente, explota.

Ya no hay suficiente brillo para encandilar la mirada sobre los aspectos del otro que raspan o duelen. Encontrarse con ello es una experiencia sumamente dolorosa que genera rabia, tristeza, desconcierto entre otras formas mediante las que se manifiesta la angustia. La salida de este momento será diferente en relación a lo que cada persona resuelva con esa experiencia. Si el impacto es demasiado para lo que puede tolerar la persona probablemente sobrevenga la ruptura, enfrentándola al respectivo proceso de duelo. Pero, si aún quedan fuerzas suficientes, se da paso al tercer momento: el amor propiamente dicho.

Somos codo a codo

El amor es la madurez del afecto. Es el momento en que una persona logra integrar en su psiquismo tanto las partes del otro que fundaron al enamoramiento, como aquellas que provocaron la desilusión. Ese obstáculo pone a trabajar a los/las implicados otorgándoles la posibiliad de tomar la decisión e implementar el esfuerzo de trascender para seguir construyendo. Es el tiempo en que la pareja deviene proyecto, en que mutuamente se eligen desde un mayor conocimiento.

Transitar este tercer momento no es garantía de amor eterno. De hecho, es aquí donde nos encontramos con la mayoría de las problemáticas del amor: el roce de la cotidianidad, la desincronización de prioridades, ganas y planes, la comunicación fallida, el trabajo, las familias, las amistades, los otros, los proyectos personales, y «al infinito y más allá»… Aun habiendo transformado el enamoramiento en amor a base de ilusión, dolor y esfuerzo, la pareja o alguno de sus participantes, puede llegar a considerar la posibilidad de una ruptura, constituyendo esta una nueva problemática, que como ya reflexionamos, debiera acabar con una decisión: O inventar un nuevo artefacto, o despedirse.

“El amor no es algo que se encuentra, es algo que se construye.” – Antoine de Saint-Exupéry

El Psicoanálisis en el enfoque del Amor

El enfoque psicoanalítico permite bucear en la historia personal y familiar, procurando identificar la mitología subjetiva y comprender cómo éstos se reactualizan en los vínculos presentes. De esta manera sienta las bases para la posibilidad de construir una relación madura, basada en un conocimiento mayor de uno mismo sobre todo, pero también del otro y, si fuera el caso, de la pareja.

Si te encuentras atravesando alguna dificultad en la búsqueda del amor, en la pareja, angustiado por la posibilidad o reciente ruptura del vínculo amoroso, no dudes en buscar ayuda profesional. Al sentir, es esperable que estemos ensimismados con lo que nos está pasando y no siempre apreciamos con claridad. Un profesional que no juzga, respeta la propia historia, valores y eventos que estés atravesando, da la posibilidad que se generen conexiones nuevas o que habían quedado inoperativas.

Abordar este tipo de problemáticas resulta un proceso transformador, otorgándonos mayor libertad y recursos para amar.

Vamos ahora a apoyar las ideas expresadas recientemente con un relato de dos con la que he conversado en análisis.

Hundir la Flota (Batalla Naval)

Me consultan una pareja como último recurso antes de terminar su relación, cansados de no coincidir en la prioridad que uno atribuía al otro, y viceversa: él reclamaba que quería más atención de su parte, que hicieran más cosas juntos, tener más relaciones sexuales, y ella respondía diciéndole que tenía que entenderla y respetar que su trabajo le demandaba muchísimo tiempo y que llegaba muy cansada, que cuando el trabajo bajase podrían retomar los planes que le estaba planteando.

Si mi enfoque hubiese sido otro (que no diré ni que sea mejor ni peor pero sí diferente) hubiese tenido que recoger las motivaciones de cada uno para sostener viva a la pareja, tomar nota de las emociones que se le generan a cada uno, tanto cuando el uno no satisface las necesidades del otro como cuando sí, y proponerles una solución posible, como por ejemplo, encontrar puntos de acuerdo en los que ambos cedan: quién reclama resigne algo de lo que pide, y quién priorice otras cosas dedique algo de esa prioridad a la pareja, y de esta manera realizar un esfuerzo conjunto hacia algo que “quieren”.

Honorable Parlamento

La idea por excelencia de las buenas prácticas en política: al término de una gestión, que la solución arroje que todos/as están un poco disconformes. Pero les traigo noticias («Extraaa, extraaaa!!»): aunque nos veamos seducidos a traspolar las buenas prácticas a la pareja, si queremos desentrañar el misterio de cada pareja no nos tenemos que enfocar en las soluciones sino más bien en los detalles.

El ejemplo de “solución” que proponía recién, hasta podría sonar razonable salvo las comillas: “quieren”. ¿cómo puedo saber yo qué es lo que quieren si apenas nos estamos conociendo? He aquí la principal diferencia en relación a mi forma de trabajo. Siempre me gusta aclararles esto a las parejas o personas que consultan: “yo no soy quién para decirte lo que tienes que hacer”. ¿El sustento? que es la propia persona o la propia pareja la que tiene que descubrirse para posteriormente tomar decisiones asumiendo las responsabilidades aparejadas.

De eso se trata mi trabajo, de acompañarles a que se re-conozcan, apropiándose de lo que es de cada uno y despejando lo que es del entre, de la pareja. No tiene ningún sentido implementar soluciones si no tenemos suficiente conocimiento. Por el contrario, es contraproducente.

S.O.S

Volviendo al ejemplo, en la entrevista inicial, aquella pareja, frente a mi pregunta de -“¿en qué les puedo ayudar?” me respondieron –“¡A salvar nuestra relación!”…

El pedido era muy sensato, que no se me malinterprete, pero por muy convincentes que hayan sido, si me hubiese precipitado a “salvarles” con unos cuantos consejos y soluciones, si hubiera asumido el pepel de saber aquello que esa pareja no, hoy no estaría escribiendo este artículo, o sí, pero recomendando soluciones enlatadas, pegando el enlace de unos cuantos de mis reels o shorts en los que gentilmente regalo muestras gratis de placebos… perdón… de tips. (fallido ha lugar)

Lo más turbulento de la intervención fue dribblear la angustia de ambos cuando llegaban a sesión y se quejaban de que “no avanzaban”, sin embargo seguían viniendo a hablar y, poco a poco, empezaba a quedar más claro a donde se localizaba el nudo de la cuestión.

No revelaré más información para respetar la intimidad de esta pareja, pero sí diré que los detalles no indicaban precisamente que se trataba de una desafinación de prioridades sino más bien de la forma que tenían de mantenerse en tensión para, de esa manera, estar constantemente en el radar del otro. A la vez, esto remitía a las formas que habían absorbido en sus crianzas. Dicha reactualización, sigilosa para ambos, cumplía con todas esas funciones, pero también representaba un desgaste importante. Al hacerse conscientes, se impuso la necesidad de responsabilizarse de que ahora tenían una posibilidad: tomar la decisión de qué hacer con eso.

Aunque seguía latente la posibilidad de que decidieran romper su vínculo para rehacerse cada uno por su cuenta, la decisión que tomaron fue la de escucharse a sí mismos, a su partenaire y por ende escucharse como pareja, lo que les llevó a ofrecer la voluntad de alojar los desafíos que podían aparecer en la pareja. Es decir, fue la propia pareja la que inventó el artefacto del acuerdo y el manifiesto de voluntades de alojar la experiencia del otro en la pareja, por ende, la decisión apoyada en el respeto y el sentir de cada uno como de la pareja se afianza como un nuevo tejido, con nuevos nudos, con renovados puntos de apoyo.

Conclusión

¿Te reconoces en alguna de estas situaciones? ¿sientes que necesitas un espacio para reflexionar sobre ti y tus relaciones? ¿crees que los resultados de Google o alguna inteligencia artifical no alcanzan para resolver la situación que estás atravesando? ¿piensas que las soluciones prestablecidas o estandarizadas se quedan cortas frente a la complejidad de lo que te/les pasa?

No estás sólo/a en esta búsqueda. El primer paso ya lo has dado haciéndole lugar a la inquietud sobre lo que te/les pasa, el segundo también lo has dado al leer este artículo… te invito a dar el tercero hacia el re-descubrimiento y liberación: empecemos juntos este sendero de madurez a través de la psicoterapia individual o de pareja. Contáctame hoy mismo, por cualquiera de los medios que te dejo abajo, para una entrevista inicial en mi consultorio en Palma de Mallorca o de manera online. Estaré encantado de escuchar tu/vuestra historia y acompañarte en este proceso transformador. Juntos podemos explorar quién eres/quienes son y quién/quienes quieren ser.

Seguimos…